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El
Cine Normandie fue el escenario escogido por la banda de Conce
para juntarse con esos fieles feligreses que, con devoción
santa, siguen al milagroso Yogui, un gurú capaz de
transformar el gris santiaguino en un mosaico multicolor de
emociones. Cómo lo vivimos, aquí les va.
29
de Noviembre:
Estoy a un día del esperado concierto de "Emociones
Clandestinas" en el cine Arte Normandie. Voy en la micro
rumbo a mi casa, pero cuando estoy a punto de bajarme, sube
un personaje que reconozco en el acto. Sí, claro, no
me equivoco, pues cuando le hablo me devuelve el saludo con
una sonrisa y un abrazo. Es Jorge "Yogui" Alvarado,
el cerebro tras Emociones.
Me congratulo de encontrármelo de casualidad y nos
proponemos vernos en el concierto a recordar las viejas canciones
y la misma rabia de siempre.
30 de Noviembre:
Estoy ansioso. Me he puesto de acuerdo con Pablo Lazcano,
el primer bajista de los antiguos "Emociones Clandestinas"
que después de dejar la banda, se ha afincado en Santiago.
Aún hace música junto a sus amigos de "Porno
Zoom". Es extraño ir al concierto de una banda
mítica, junto a uno de sus miembros fundadores, sentado
debajo el escenario en lugar de estar sobre él. Nadie
lo reconoce pues la cara pública del grupo sigue siendo
el Yogui, especie de Robert Smith criollo en lo que respecta
a cambio de músicos, los que Concepción afortunadamente
se encarga de proveer a granel.
Casi a la hora en punto ya estoy en la puerta del cine. Algunos
alterno-marginales, un par de bellezas y algunos tipos de
rostro inescrutable ya están listos para entrar. Me
quedo a esperar a Lazcano, que como es habitual, viene retrasado.
El concierto, era que no, se retarda unos minutos que aprovechamos
para conversar junto a una cerveza.
Entramos. Son las 10:30 en punto y la banda penquista se toma
el escenario. Como es habitual sólo los fans han acudido
a la cita y hasta donde pudimos vislumbrar la prensa musical
chilena, "que apoya a la música nacional por sobre
todas las cosas"... está ausente. Y claro, todas
las luminarias criollas se encuentran taquillando en la Teletón,
pero tal vez esa sólo sea la excusa para ignorar con
justificativo lo que nunca se toma en serio el resto del año.
La banda de Yogui es sólida, a excepción de
un impass con un equipo al comienzo del show y un sonido poco
definido a ratos, el concierto es un golpe en la guata. Rock,
mucho rock y del verdadero, de ese que te corroe las vísceras.
Yogui hace gala de una mezcla de rabia, dramatismo y gran
sentido del humor y nos regala a estos nuevos Emociones Clandestinas
en un peak que seguramente irá en aumento de aquí
en adelante.
La banda se pasea por algunos clásicos como "No
me puedo acostumbrar" en una versión mucho más
ácida , especie de declaración de principios
("No me puedo acostumbrar al padre Tato, al sobresueldo
y a la escena del rock nacional"). Luego arremeten con
"Acaso es esto revolución", "Radio Clandestina"
que degeneró naturalmente hacia un exuberante cover
de "Let's dance" de Bowie.
Como era de esperar la noche alternó pasado y futuro
y tuvimos una muestra de los nuevos temas. Escuchamos "Pasajeros
de la noche", la rockeroide "Cuando ella viene"
e incluso temas tan novísimos como algunos que fueron
compuestos hace poco menos de quince días. Uno de ellos
recibió su bautismo aquella misma noche y se llamó
"Días negros". Yogui, su orgulloso padre,
viene de regreso del punk y la new wave y no se arrepiente
de ello, sólo muta, integra y ahora se lo puede ver
sobre el escenario más descuidado, seguro, libre y
visceral que antes.
La performance de Francisco Espinoza en la vihuela es notable
y sostiene gran parte del sonido de la banda que se completa
con el talentoso Marlon Romero (Miembro de una familia de
músicos) en la batería. La poderosa formación
se completa con Boris Cea en bajo y el propio Yogui en voz
y guitarra.
Fue un concierto sólo discreto por la cantidad de público
y totalmente energético por parte de los músicos.
Ver a los "Emociones Clandestinas" sobre el escenario
aquella noche me trajo a la mente imágenes del pasado.
Recordé a la primera vocalista de la banda, la hermosa
Carmen Gloria Narváez, el primer disco editado, el
fallido concierto en el velódromo debido a un patatús
al corazón del batero, el éxito de "Un
nuevo estilo de baile" y luego la abulia de los medios,
los sellos y el público. También la dispersión
de los miembros del grupo hacia otras bandas. Quizás
el regreso de los Electrodomésticos, Los Prisioneros
y Emociones Clandestinas hablen no del resurgimiento de un
pasado que no siempre fue mejor, sino de un presente al que
hace falta que lo despeinen de vez en cuando, en medio de
la pulcritud de lo políticamente correcto.
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