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| DISPARANDO
CLAVOS |
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El
parche del día después
Chile
es un país donde se privilegia la cantidad a la calidad,
una nación en la que soluciones parches poseen mayor
importancia que los planes bien acabados y basados en la
responsabilidad ética a nivel de país. Una
muestra de esto, es la aprobación -por parte de la
justicia- del plan impulsado por el gobierno, con la finalidad
de disminuir el volumen de embarazos no deseados en la población
adolescente.
La idea, es que todas las niñas mayores de 14 años
puedan acceder a la polémica “pastilla del
día después”, pero, y aquí viene
la discrepancia de algunos sectores, sin la autorización
de los padres. Esto, sin duda, parece algo increíble,
pues los progenitores son el pilar más significativo
de una sociedad en la que la familia es lo más importante,
según lo reconocido en nuestra carta fundamental.
Tratar de negar que los adolescentes están adelantando
su despertar sexual es querer tapar el sol con un dedo.
Sin embargo, nos parece irresponsable, de parte de las autoridades
de nuestro país, establecer una norma, siendo que
hay puntos muy importantes que no han entrado al debate
público.
Entre los tópicos que no se han discutido se puede
mencionar el problema de la administración misma,
es decir, cuántas veces una joven podrá acceder
en el mes a ese fármaco sin correr el riesgo de alguna
contraindicación, de la misma manera, qué
se hará para determinar la cantidad de veces que
la persona ya ha pedido la píldora.
Lo anterior, debería lograr -por fin- una buena comunicación
a nivel de instituciones hospitalarias. Para esto, se tendría
que contar con sistemas computacionales en red, con el fin
de que las mujeres no pudieran pedir (en ningún centro
de salud) más píldoras de las que sean permitidas.
De la misma forma, es interesante estar al tanto acerca
de cuánto le costará al gobierno implementar
este “beneficio”. Después de todo, las
administraciones gubernamentales tienen el deber de ser
transparentes es todo momento, lo cual no se ha cumplido
en esta situación.
Cuando hablamos de las razones que movieron al mandato de
Michelle Bachelet para impulsar esta medida sanitaria, podemos
decir que se hizo con la intención de que todas las
chilenas tengan acceso a una vía anticonceptiva segura.
La idea es que el “aborto” sea una facultad
que no venga dada con respecto a clases sociales, es decir,
que sea igualitario.
No obstante lo anterior, hay algo que nuestras autoridades
tampoco han pensado, lo cual demuestra nada menos que ignorancia
con respecto a este tema, y esto es la consiguiente y posible
proliferación de enfermedades venéreas entre
la población más joven de nuestro país.
Por qué se preguntará usted, bueno la respuesta
a esto es que al tener un “parche curita” al
alcance, y sin una buena educación sexual de por
medio, los jóvenes no harán de la prevención
una parte importante de su vida.
Finalmente, entramos al tema relevante: la educación.
Creemos que la mejor solución pasa por ella, por
implementar buenos programas de comportamiento sexual y
afectivo, tanto para padres como alumnos. Esto, según
la ministra de la cartera correspondiente, Yasna Provoste,
se estaría implementando en la primera semana de
octubre.
Lo anterior no es una mala noticia, pero, sin duda, Chile
debió haber comenzado por eso. Sin embargo, en una
nación en donde las JOCAS fracasaron por la poca
apertura que los chilenos tenemos a hablar de estos temas
y porque los padres reconocieron que lo que hacían
estas jornadas era sólo entregar información
acerca de métodos anticonceptivos sin valores éticos
de por medio, nos merece dudas que estos nuevos planes educativos
sean viables.
Por todo lo mencionado, es de esperar que nos enfoquemos
en el camino de la educación, pues es ella la que
construye las culturas del primer mundo. De lo contrario,
seguiremos siendo una nación mediocre con olor a
esperanzas de un futuro y un estatus mejorado. Recordemos
que no hay ninguna “píldora” que cure
la incultura en la que estamos sumidos.
Gisselle Marchant.
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